Marina, 34 años, siempre escuchó que bastaba esforzarse más en la dieta para que las piernas "acompañaran" al resto del cuerpo. Ella adelgazaba, pero los muslos y las pantorrillas continuaban doloridos, pesados y desproporcionados al tronco. Solo después de años en esa búsqueda escuchó, por primera vez, el nombre de la condición que explicaba todo aquello: lipedema.

"Los datos y el caso clínico citados en este artículo son ficticios y tienen fin meramente ilustrativo, sirviendo para facilitar la comprensión del tema abordado."

Historias como la de Marina se repiten. El lipedema aún es poco conocido, aunque sea relativamente frecuente, y muchas mujeres pasan años siendo tratadas por obesidad o celulitis sin mejora alguna. Entender qué es la enfermedad, cómo se diagnostica y qué realmente influye en su evolución es el primer paso para un manejo más eficaz.

Qué es el lipedema

El lipedema es una enfermedad crónica que causa acúmulo anormal y desproporcionado de grasa, generalmente en las piernas, caderas y, en algunos casos, también en los brazos. Una característica distintiva es que respeta las manos y los pies, creando una diferencia visible entre el área afectada y el resto del cuerpo.

No es sinónimo de obesidad ni de celulitis común. Es una condición propia, reconocida con código específico en las clasificaciones internacionales de enfermedades, que implica alteraciones en el tejido adiposo, en la microcirculación y, en fases más avanzadas, también en el sistema linfático. Por eso, a diferencia de la grasa común, la grasa del lipedema suele responder mal a dietas y entrenamientos convencionales.

Signos y síntomas

Algunos signos ayudan a sospechar de la condición:

  • Acúmulo de grasa simétrico (de ambos lados igual) en las piernas o brazos, respetando manos y pies
  • Dolor o sensibilidad al tacto en las áreas afectadas
  • Sensación de peso y cansancio en las piernas, principalmente al final del día
  • Facilidad para formar hematomas (moretones), incluso sin recordar haber golpeado en algún lugar
  • Con el tiempo, cambios en la textura de la piel, como pequeñas irregularidades o nódulos bajo la piel
  • Desproporción entre el volumen del tronco y el de los miembros
  • Poca o ninguna respuesta de la región afectada a dietas y ejercicios, incluso con adelgazamiento en otras partes del cuerpo

Cómo se realiza el diagnóstico

No existe un análisis de sangre que confirme el diagnóstico de lipedema por sí solo. Es, antes que nada, clínico: el médico evalúa el historial de la paciente, los síntomas y realiza un examen físico detallado, observando la distribución de la grasa, la sensibilidad al tacto y un signo llamado Stemmer, que ayuda a diferenciar el lipedema del linfedema.

Los exámenes de imagen, como la ecografía, pueden complementar esa evaluación, mostrando alteraciones en el tejido adiposo y ayudando a definir el estadio de la enfermedad. En Brasil, este año se publicó un consenso nacional sobre el tema, lo que representa un avance importante para estandarizar el diagnóstico y el seguimiento de las pacientes.

La enfermedad suele evolucionar en estadios, que van desde alteraciones más discretas, con piel aún lisa, hasta fases avanzadas, en que el lipedema se combina con compromiso linfático (el llamado lipolinfedema). Cuanto más temprano sea el diagnóstico, más simple y eficaz suele ser el manejo.

Factores de riesgo

Algunos factores aumentan la probabilidad de desarrollar lipedema:

  • Historial familiar: la enfermedad tiene un fuerte componente genético. Es común encontrar madres, abuelas o hermanas con el mismo cuadro, aunque nunca haya sido diagnosticado en ellas.
  • Sexo: afecta casi exclusivamente a mujeres, lo que refuerza la influencia hormonal en su origen.
  • Momentos de gran variación hormonal: el lipedema suele surgir o empeorar en la pubertad, en el embarazo o en la menopausia, períodos en que los niveles de estrógeno cambian bastante.

Vale destacar que, hasta el momento, las evidencias no confirman que el uso de anticonceptivos o de terapia de reemplazo hormonal empeore la enfermedad de forma directa. Esta es una duda común entre pacientes y vale conversar con su médico si surge.

Qué empeora el cuadro

El estilo de vida no causa lipedema, pero puede acelerar su progresión e intensificar los síntomas. Entre los principales factores que empeoran el cuadro están:

  • Ganancia de peso, que sobrecarga aún más los tejidos ya comprometidos
  • Sedentarismo y largos períodos parada de pie o sentada
  • Alimentación rica en ultraprocesados, azúcar y grasas de baja calidad
  • Demora en el diagnóstico, que permite que la enfermedad avance sin ningún tipo de manejo
  • Falta de apoyo adecuado (como el uso de compresión) en las actividades del día a día

Qué ayuda a mejorar y a controlar la enfermedad

La buena noticia es que existe un camino de manejo bien establecido, principalmente cuando el diagnóstico ocurre temprano:

  • Seguimiento médico regular, preferiblemente con equipo multidisciplinario
  • Terapia de compresión, con medias o prendas específicas indicadas por un profesional
  • Drenaje linfático manual, realizado por un profesional calificado
  • Actividad física de bajo impacto, como caminata, hidrogimnasia y natación, que ayudan a la circulación sin sobrecargar las articulaciones
  • Alimentación equilibrada y antiinflamatoria, evitando ultraprocesados
  • Apoyo psicológico, ya que el dolor, la limitación del movimiento y el impacto en la autoestima afectan bastante la calidad de vida
  • En estadios más avanzados, técnicas quirúrgicas específicas para lipedema (diferentes de la liposucción estética) pueden discutirse con el especialista

El tratamiento conservador es la base en prácticamente todos los estadios, y diagnosticar la enfermedad temprano es lo que más influye en el pronóstico a largo plazo.


Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye una consulta médica. Cada caso debe ser evaluado individualmente por un profesional de salud, quien podrá indicar el diagnóstico y el tratamiento más adecuados.

Dra. Rebeca Soares Andrade CRM - GO 39335