María, 52 años, notó que en los últimos dos meses el funcionamiento de su intestino había cambiado. A veces estreñimiento, a veces lo opuesto, y un día percibió un poco de sangre en el papel higiénico. Ella creyó que fuera hemorroides y fue dejando para después. Solo buscó un médico cuando comenzó a sentir un cansancio que no pasaba con el descanso.

"Los datos y el caso clínico citados en este artículo son ficticios y tienen fin meramente ilustrativo, sirviendo para facilitar la comprensión del tema abordado."

Historias como esa se repiten bastante, porque el cáncer de intestino (también llamado de cáncer colorrectal) suele dar señales bien antes de ser diagnosticado. El problema es que muchas de esas señales parecen "demasiado normales" para llamar la atención. Según el Instituto Nacional de Cáncer (INCA), este tipo de cáncer es el tercero más frecuente en Brasil, y la estimación es de más de 53 mil nuevos casos por año entre 2026 y 2028. Entender las señales de alerta es el primer paso para buscar ayuda en el momento correcto.

Las primeras señales que aparecen en el baño

El intestino "cuenta historias" a través de lo que sale de él, y es allí donde suelen aparecer los primeros avisos:

  • Sangre en las heces. Puede ser sangre viva, roja, o más oscura. Mucha gente confunde con hemorroides (y a veces es eso mismo), pero sangrado que se repite merece evaluación.
  • Cambio en la forma de las heces. Heces más finas, en formato de cinta, de forma persistente, pueden indicar un estrechamiento en el intestino.
  • Alteración en el hábito intestinal. Estreñimiento o diarrea que aparecen de la nada y continúan por más de dos o tres semanas, principalmente si son diferentes del patrón que la persona siempre tuvo.
  • Sensación de que el intestino no se vació por completo, incluso después de evacuar.

Vale un punto importante: ninguna de esas señales, aisladamente, quiere decir que la persona tiene cáncer. Las hemorroides, fisuras, síndrome del intestino irritable y la alimentación también causan síntomas parecidos. Lo que pide atención es la persistencia: síntomas que vuelven, que no tienen explicación clara, o que duran más de un mes.

Las primeras señales que aparecen en el día a día

Además de lo que acontece en el baño, el cáncer de intestino también puede manifestarse de forma más discreta en la rutina:

  • Cansancio que no mejora con el descanso, muchas veces ligado a una anemia (caída en el número de glóbulos rojos) causada por un sangrado que la persona ni percibió.
  • Pérdida de peso sin motivo aparente, sin cambio en la dieta o en la rutina de ejercicios.
  • Dolor o malestar abdominal recurrente, tipo cólica, que va y viene.
  • Sensación de hinchazón o distensión abdominal persistente.

Esas señales tienden a ser aún más inespecíficas que las del baño, y por eso pasan desapercibidas con más facilidad. Una investigación reciente del A.C. Camargo Cancer Center mostró que, incluso entre quién percibió sangre en las heces, casi la mitad no buscó un médico de inmediato. Y un dato importante: esas señales merecen evaluación en cualquier edad, no solo después de los 50 años, ya que los casos entre personas más jóvenes vienen aumentando.

Cómo funciona el diagnóstico

El primer paso, incluso sin síntomas, es el rastreo, o sea, buscar la enfermedad antes de que dé señales. El examen de entrada es la prueba de sangre oculta en las heces (el SUS está incorporando la versión inmunoqímica, más precisa y sin restricción alimentaria, prevista para el segundo semestre de 2026). Esa prueba identifica sangre que no es visible a simple vista.

Si el resultado viene alterado, o si la persona ya tiene síntomas, el examen siguiente es la colonoscopia. En ella, un tubo fino con una cámara recorre todo el intestino grueso, permitiendo ver directamente la pared intestinal, identificar pólipos (lesiones que pueden volverse cáncer con el tiempo) y ya retirarlos en el mismo momento, cuando es posible. Existen también otras opciones, como la rectosigmoidoscopia y la colonografía por tomografía (la "colonoscopia virtual"), usadas en situaciones específicas.

Cuando hay sospecha confirmada, exámenes de imagen (tomografía, resonancia) y exámenes de sangre complementan la investigación para entender la extensión de la enfermedad y planificar el tratamiento.

Quién debe comenzar el rastreo, y cuándo

La recomendación del Ministerio de la Salud para el SUS es comenzar el rastreo a los 50 años. Otras directrices, incluyendo recomendaciones internacionales adoptadas desde 2021, ya indican el inicio a los 45 años, por causa del aumento de casos en personas más jóvenes. Quién tiene historial familiar de cáncer colorrectal o de pólipos, o enfermedades inflamatorias intestinales, suele necesitar comenzar antes, y esto debe ser conversado individualmente con un médico.

Factores de riesgo

Algunos factores aumentan la chance de desarrollar la enfermedad:

  • Edad superior a 45 a 50 años
  • Historial familiar de cáncer colorrectal o de pólipos intestinales
  • Enfermedades inflamatorias intestinales, como enfermedad de Crohn y rectocolitis ulcerativa
  • Alimentación rica en ultraprocessados, embutidos y carnes procesadas
  • Sedentarismo
  • Obesidad
  • Tabaquismo
  • Consumo excesivo de alcohol

Tener uno o más de esos factores no significa que la persona va a desarrollar cáncer, pero ayuda al médico a definir si el rastreo debe comenzar más temprano.

Lo que puede hacerse para reducir el riesgo

La buena noticia es que buena parte del riesgo puede ser trabajada en el día a día:

  • Priorizar alimentos naturales, con bastante fibra (frutas, verduras, legumbres, granos integrales)
  • Reducir el consumo de ultraprocessados y embutidos
  • Mantener actividad física regular
  • Evitar el cigarro
  • Moderar el consumo de alcohol
  • Mantener el peso dentro de una franja saludable
  • No dejar el rastreo para después, ya que consigue detectar y remover pólipos antes de que se vuelvan cáncer

Cuándo buscar un médico

Sangrado en las heces, cambio persistente en el hábito intestinal, pérdida de peso sin explicación o cansancio fuera de lo común, por más de dos o tres semanas, son motivo suficiente para una consulta. No es preciso esperar a que el síntoma "empeore" para buscar ayuda, y cuanto antes la investigación comience, más simple tiende a ser el camino hasta el diagnóstico y el tratamiento.


Este contenido tiene carácter informativo y educativo, no sustituye consulta, diagnóstico o tratamiento médico. Busque siempre un profesional de la salud para evaluar su caso individualmente.

Dra. Rebeca Soares Andrade CRM - GO 39335